Mi receta con conciencia

 AJIACO

Ingredientes:

  • 1 paquete de guascas frescas

  • ½ arracacha (mediana)

  • 1 libra de auyama (pelada y en trozos)

  • 5 papas medianas (peladas y en cubos grandes)

  • 1 pechuga de pollo

  • 1 taza de crema de leche (opcional, para un toque cremoso)

  • 1 mazorca aproximadamente (opcional)

  • Agua (cantidad necesaria para cubrir los ingredientes)

  • Sal al gusto

(estas cantidades son para 8 porciones maso menos, eso es lo que comemos en mi casa)

Preparación:

  1. Cocción inicial:
    En una olla grande, coloca la pechuga de pollo y cúbrela con suficiente agua. Llévala a ebullición y déjala cocinar durante unos 30 minutos a fuego medio.

  2. Agregar vegetales:
    Pasada la media hora, añade la arracacha y la auyama troceadas. Cocina por aproximadamente 20 minutos o hasta que estén blandas.

  3. Incorporar las papas:
    Cuando la arracacha y la auyama estén casi listas, agrega las papas. Cocina hasta que todo esté tierno.

  4. Licuar para espesar:
    Retira del caldo la arracacha y la auyama, y licúalas con un poco del líquido de cocción. Esto le dará al ajiaco una textura más espesa y cremosa, sin necesidad de usar espesantes artificiales.

  5. Mezclar todo:
    Devuelve la mezcla licuada a la olla. Añade las guascas picadas finamente y la crema de leche si deseas una textura más suave. Cocina por unos minutos más para integrar bien los sabores.

  6. Servir:
    Puedes desmenuzar el pollo antes de servir o dejar la pechuga entera. Acompaña con arroz blanco, aguacate o alcaparras si quieres una experiencia más tradicional.


Esta receta la realiza mi abuelita materna desde que tengo memoria, la comemos normalmente en almuerzos familiares o con amigos, pero ella le pone un toque especial, hace que sea un sabor único.

Este ajiaco lo hacemos en mi casa desde siempre y me encanta porque además de ser súper rico, es bueno para el planeta. Usamos verduras que se consiguen fácil y que son locales, como la papa, la arracacha y la auyama, así no hay que traer cosas de muy lejos. Todo se cocina en una sola olla, así que no se gasta mucha energía, y al licuar las verduras se aprovecha todo sin botar nada. Es una receta que alimenta, y también cuida la Tierra.

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